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¿ Qué pasó el 11-M ? Esta es la pregunta que muchos españoles nos hacemos todavía, no cesan las informaciones contradictorias, los testimonios ocultos, ¿Qué hay que ocultar?
Parece mentira que se tome a burla una investigación sobre la mayor masacre terrorista que ha asolado a nuestro país. No se puede ocultar nada, todo vale para esclarecer la verdad y quienes se niegan a desvelar esas informaciones es porque tienen algo que ocultar, pero entonces ¿quién nos está gobernando?, los manipuladores, los correctos, los corruptos, los del talante, los de la libertad, los asiduos al cine ambulante español, los de PRISA ¿?. SEAN QUIENES SEAN SOLO PEDIMOS ALGO LA VERDAD.

11M

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Me zarandeó como a una pelusa molesta. Luego, me dejó suspendido en el aire, abocado a lo irremediable: la muerte. Mientras caía, sólo surgieron tres grandes destellos en mi conciencia en forma de imágenes: mi desaparecida tripulación, el calor que siempre me había proporcionado mi mujer en mi lecho y, peligrosamente, la estructura rocosa a la que descendía en picado.

El qué y el para qué no lo puedo explicar. Sólo puedo contar el cuándo y el por qué. Fue un sábado lunar muy activo. Mi nave partió veloz para abastecer a una colonia de primatoideos que se encontraba en cuarentena. Pero algo falló e hizo que nuestro transporte perdiera altura y aterrizara forzosamente en un satélite desconocido, muy lejos de nuestro destino. Al despertar de la inconsciencia que me produjo el duro impacto, encontré a todos mis compañeros sin vida. Activé los generadores de energía, pero fue en vano: Estaba atrapado entre la extraña atmósfera del satélite y el amasijo de hierros en que se había convertido mi aeronave. Para cuando sólo pude ya arrastrarme casi asfixiado con el fin de obtener las últimas bocanadas de O2 que había consumido, había terminado de dar informe en la bitácora; y había dejado constancia de mis últimos pensamientos antes de morir, por si algún día, un equipo de expedición o nuevas civilizaciones, encontraban los restos de la tragedia, aunque la arena y el polvo en que parecía constituirse el satélite, los enterraran por completo en un largo olvido.

Casi sin quererlo, me decidí apenas con fuerzas a abrir la escotilla superior de la cubierta. Asomé la cabeza. Podía respirar. Esto me alivió y di gracias al dios Zhinuk y a sus protectores por concederme ese intento de vida.

Recorrí cuarenta millas en busca de alguna señal de vida, pero todo aquél misterioso paraje estaba desprovisto de mineral y elemento alguno con el que la estructura molecular activa, entendida así por nuestra ciencia, pudiera albergar energía calorífica suficiente como para concebir su motricidad.

Ahora entiendo cuán equivocado estaba. Sólo he sido una fácil presa. Un sencillo insecto, ruidoso y aturdido, que había seguido ilusionado las falsas pistas de mi poderoso ejecutor. De él recuerdo su rapidez cazadora, su implacable mirada y sus desarrollados apéndices. Antes de que pudiera advertir su presencia, ya lo tenía encima, de la misma manera que un mosquito se enreda en una tela de araña, como si aquél ser ejerciera en verdad el papel de un astuto y letal arácnido.

Me quedé pegado en una de sus viscosas garras. Me erigió ante su mirada y me examinó para luego olfatearme y, cuando hubiera terminado de hacer esto, zarandeárame una y otra vez nervioso, preocupado por deshacerse de una extraña y desagradable carga.

Y así fui cayendo, cayendo y cayendo, hasta encontrarme con la muerte. La áspera y maltratada corteza rocosa no fue sino un breve contacto final: Mi cabeza estalló por dentro en mil pedazos de coágulo sangrante y brillante estallido de luz que desmembraba mi conciencia; y mis extremidades dejaban que cada uno de los tejidos que conformaban mi existencia, se licuaran como un baño de triste mojo celular.

Así mi alhma se presentó ante Zhinuk y, cuando, le tuvo frente a sí, agachóse y entonó el canto sagrado de nuestro amado pueblo. Sonriente, el dios Zhinuk, recojió mi alhma entre las palmas de sus manos y, acariciándola cariñosamente le dijo:

- Mehk kaido sumntra dhok. Shivara khytalha Goi Shum.

(Tu coraje no ha sido en vano. La vida mortal que has perdido, conmigo eterna la has ganado, Hijo Mío).

Pronta es la hora en la que nacemos. Pronta también en la que morimos. Ahora puedo ver a mi esposa y a mis hijas, mientras juegan al sthaala entre dos shabios* y se que algún día, sus alhmas jugarán aqui junto a la mía, si el Dios Zhinuk y la limpieza de sus corazones así lo hacen posible.

*Árboles

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Este, mi blog, como tantos y tantos millones de blogs que abundan en la red, no es ni más ni menos especial. Es tan sólo un reducto de información a pequeña escala con el que expresarme. 
 
Saludos.